Se cumplen 10 años de esta interesante metáfora escrita por Wilson y Luciano.

Imagínese por un momento que hay un autobús con muchos pasajeros y que usted es el conductor. Los pasajeros son pensamientos, imágenes, recuerdos, sentimientos de todo tipo que cada uno tenemos por nuestra propia historia vital. El autobús tiene una única puerta y sólo de entrada. Algunos de esos pasajeros son realmente temibles… Visten con chaquetas de cuero negro y llevan hachas y navajas.

Es usted el conductor.

Usted conduce y los pasajeros comienzan a amenazarle, diciéndole lo que tiene que hacer en cada momento, dónde tiene que ir: le dicen que tiene que girar a la derecha, luego que tiene que girar a la izquierda, etc. Para conseguir que haga lo que ellos le están pidiendo, le amenazan. Le amenazan diciéndole que si no hace lo que ellos desean, van a sentarse a su lado y no se quedarán al fondo del autobús (que es donde usted quiere que ellos estén para que no le molesten en el trayecto). En como si usted hubiera establecido el siguiente trato con estos pasajeros: «vosotros os sentáis al fondo del autobús y os agacháis de tal manera que yo no pueda veros con demasiada frecuencia, y entonces yo haré lo que digáis, todo lo que digáis».

¿Y si se cansa uno de obedecer?

Ahora bien, qué pasa si un día se cansa del trato y dice: » ¡No me gusta esto! ¡Voy a echar a esa gente fuera del autobús!»Con esa idea, para el vehículo y se vuelve para encararse con los pasajeros que le amenazan y le molestan. Entonces, se da cuenta de que la primera cosa que ha hecho es parar. Ahora usted no está yendo a ninguna parte, lo único que está haciendo es enfrentarse con esos pasajeros.

Pero esos pasajeros son muy fuertes y no se han planteado abandonar. Comienza a forcejear con ellos , pero no tiene nada que hacer. Entonces usted vuelve a su asiento e intenta aplacarlos para que se sienten de nuevo en el fondo para que no pueda verlos y usted dirige el autobús donde ellos le mandan. Con esta actitud que está tomando consigue que en vez de que se calmen, accede a lo que ellos le están ordenando. Cada vez lo hace antes, pues cree que así conseguirá sacarlos de su vida. Sin darse apenas cuenta ellos ya no tendrán que decirle por dónde debe girar. Usted mismo se da cuenta de que tan pronto se acerque a un giro a la izquierda los pasajeros van a echarse sobre usted como no gire a la izquierda. Justifica esta situación de modo que cree que ellos no están en el autobús y se convence a sí mismo de que está llevando el autobús por la única dirección posible. Se cree que la izquierda es en realidad la única dirección que puede tomar. Ellos aparecen de nuevo, mucho más fuertes ya que usted ha tenido varios enfrentamientos con ellos en el pasado y ha salido perdiendo.

¿El poder de los «pasajeros»?

Estos pasajeros tienen un enorme poder sobre usted diciéndole lo siguiente: «Si no haces lo que te decimos, apareceremos y haremos que nos mires». Eso es todo lo que pueden hacer.

Es cierto que cuando ellos se manifiestan, parece como si pudieran destruirle, haciéndole mucho daño ya que tienen armas cortantes. Parece que, pudieran acabar con usted. Usted entonces acaba accediendo al trato y termina haciendo lo que ellos le dicen para calmarles y que se vayan al final del autobús donde no los pueda ver.

El conductor (que es usted) tiene el control del autobús, pero ha depositado ese control en esos tratos secretos con los pasajeros. Es entonces cuando se da cuenta de que usted, para intentar mantener el control de los pasajeros, lo que en realidad ha hecho ha sido perder la dirección del propio autobús. De lo que no se ha dado cuenta es de que, aunque los pasajeros le digan que pueden destruirle si no gira a la izquierda, ellos nunca han sido capaces de hacer eso sin SU AYUDA.

Ellos NO giran el volante, ellos no conducen ni manejan el acelerador… ellos no frenan.

EL CONDUCTOR ES USTED… USTED Y SÓLO USTED ES EL QUE DIRIGE SU PROPIA VIDA.

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